SPYWARE ES COLONIALISMO
Arquitectura de la vigilancia sobre el Sur Global

El colonialismo no desapareció con el fin formal de los imperios1. Se mantiene como colonialidad y, ahora, cambió de forma. Primero fue ocupación territorial, extracción de recursos y control de poblaciones. Luego se transformó en colonialismo de datos: captura masiva de la vida humana mediante infraestructuras digitales. Hoy, el spyware comercial representa una de sus manifestaciones más feroces: la ocupación clandestina del dispositivo, la extracción de la intimidad y la neutralización de quienes resisten.

El software espía no es una simple herramienta de investigación criminal o un arma para combatir el terrorismo y el crimen organizado. El software de espionaje es una tecnología de dominación que convierte teléfonos, comunicaciones, redes de confianza y movimientos sociales en territorios ocupados.

Mientras el Norte Global y sus aliados concentran capacidades de desarrollo, inversión, licenciamiento y regulación, el Sur Global pone los cuerpos como territorios vigilados: periodistas, activistas, defensoras de derechos humanos, opositores, comunidades indígenas, mujeres defensoras y personas LGBTQIA+.

La colonialidad ahora se muestra como datos, contratos de exportación y software de intrusión.


Sección 1: Del colonialismo histórico al colonialismo de datos

El colonialismo histórico se basó en la ocupación territorial, la extracción de recursos y la clasificación de cuerpos considerados administrables, explotables o peligrosos. El colonialismo de datos actualiza esa lógica: ya no necesita ocupar físicamente un territorio para extraer valor y ejercer control, puede hacerlo capturando la vida humana como información.

El documento base recoge esta idea desde Couldry y Mejías: el colonialismo de datos no es una simple metáfora, sino una continuación de prácticas coloniales que, en vez de apropiarse de territorios y recursos físicos, capturan la vida humana mediante su cuantificación digital.

Colonialismo histórico

Extraía oro, plata, caucho, tierra, trabajo y obediencia. Para hacerlo, necesitaba clasificar poblaciones, vigilar territorios y castigar resistencias.

Colonialismo de datos

Extrae comportamientos, ubicaciones, vínculos, hábitos, preferencias, comunicaciones y metadatos. Para hacerlo, necesita plataformas, infraestructuras digitales, sistemas de perfilamiento y mercados de datos.

Continuidad colonial

La lógica de fondo permanece: convertir la vida de otros en recurso disponible para centros de poder.

colonialismo

El colonialismo de datos transforma la vida cotidiana en materia prima. El spyware transforma esa materia prima en inteligencia para la dominación y la represión.


Sección 2: Del colonialismo de datos al spyware
El spyware es una de las manifestaciones más violentas del colonialismo de datos

El colonialismo de datos, como sistema económico de extracción de la vida humana mediante la explotación de datos, se enmarca dentro de una larga historia de distribución desigual de recursos y conocimientos en favor de grupos de poder (Estados y plataformas) del Norte Global que se benefician económicamente y construyen modelos de dominación sobre los cuerpos e identidades explotadas del Sur Global.

Este colonialismo suele operar mediante plataformas, consentimiento fabricado, términos de uso, rastreo comercial y sistemas de perfilamiento. El spyware rompe, aún más, esa ficción de consentimiento: entra sin permiso, toma control del dispositivo y convierte la intimidad en un campo de extracción forzada.

Mientras el colonialismo de datos "suave" se apoya en consentimiento manufacturado y extracción de comportamiento, el spyware funciona como colonialismo de datos violento, sin consentimiento, mediante infiltración forzada y con daños directos como prisión, tortura, persecución o muerte.

Colonialismo de datos Spyware
Rastrea comportamiento Infecta dispositivos
Opera con consentimiento fabricado (Términos y condiciones) Opera sin consentimiento (Infiltración forzada)
Extrae datos para monetización y elaborar perfiles de consumo Extrae datos para control y represión
Produce perfiles Reconstruye redes comunitarias, políticas, familiares y sociales
Daño difuso Daño directo y personalizado


Sección 3: Negación de la subjetividad del otro y violencia ontológica
Colonialidad del ser y spyware

La colonialidad no solo organiza el poder, la economía y el conocimiento. También organiza quién es reconocido como sujeto pleno y quién puede ser tratado como objeto de extracción, sospecha o control. El spyware no solo afecta derechos como la privacidad, la libertad de expresión o la seguridad digital, sino algo más profundo: la posibilidad misma de existir como sujeto con interioridad, autonomía y vida propia frente al poder.

Colonialidad del ser: Implica la negación de la humanidad plena del sujeto colonizado. El otro no aparece como una persona con voz, cuerpo, pensamiento, deseo e intimidad propia, sino como alguien que debe ser administrado, clasificado, observado, corregido o neutralizado.

A diferencia de otras formas de extracción de datos, el spyware no depende de términos y condiciones, interfaces persuasivas o consentimiento fabricado. Entra sin permiso. Infecta el dispositivo. Toma control silencioso de aquello que una persona usa para hablar, organizarse, defenderse, amar, recordar, investigar o pedir ayuda. Accede a mensajes, contactos, ubicación, archivos, micrófono y cámara. También pueden leer comunicaciones cifradas desde el propio dispositivo, antes o después de que el cifrado las proteja en tránsito.

No es únicamente violación de privacidad

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Es una forma de ocupación de la subjetividad

Violencia ontológica: Es la negación de la subjetividad del otro. Negación de su humanidad. Y, por tanto, exento de intimidad y redes comunitarias propias.

El spyware no se limita a observar lo que alguien hace. Penetra en el espacio más íntimo de existencia de una persona:

-> sus conversaciones privadas; sus fuentes periodísticas; sus estrategias legales; sus fotos y recuerdos; sus contraseñas; sus vínculos afectivos; su ubicación en tiempo real; sus dudas, miedos y pensamientos aún no expresados públicamente.

Así como la colonialidad histórica negó al colonizado como sujeto pleno, el spyware niega digitalmente la posibilidad de existir sin ser observado, clasificado y potencialmente castigado.

Afecta también las redes comunitarias y colectividades: La violencia ontológica del spyware no termina en el individuo. Cuando se infecta el teléfono de una periodista, también se expone a sus fuentes. Cuando se vigila a una defensora, también se vulnera a las víctimas que acompaña. Cuando se espía a una lideresa indígena, también se mapean vínculos comunitarios, territorios, estrategias y resistencias.

El spyware también ataca la existencia colectiva

El objetivo político de usar software espía es más profundo: no solo es saber qué hace una persona, sino destruir las condiciones que le permiten actuar con otras.


Sección 4: Las cuatro X del despojo digital
El spyware es una táctica concreta del colonialismo digital

Mientras que el colonialismo clásico se sustentaba en la extracción de oro, plata y caucho para alimentar la industrialización europea, el colonialismo de datos extrae "excedentes de comportamiento" para alimentar algoritmos de predicción y sistemas de control estatal. En lo referido al colonialismo de datos, se puede amalgamar en las "cuatro X del colonialismo": Explorar, Expandir, Explotar y Exterminar.

cuatroX

Sección 5: La seguridad como coartada colonial

El spyware se legitima mediante un discurso aparentemente neutral, técnico y necesario: la seguridad nacional. Este lenguaje no es nuevo, sino una actualización de viejas justificaciones coloniales: civilizar, pacificar, ordenar, proteger.

El spyware no se presenta como una herramienta de dominación. Se presenta como una herramienta de seguridad. Ese es precisamente su poder político: convierte la vigilancia extrema en una respuesta razonable frente a sujetos construidos como peligrosos.

El proceso colonial necesitaba una justificación

La dominación colonial nunca se presentó a sí misma como dominación. Se narró como civilización, evangelización, progreso, pacificación o incorporación de pueblos "atrasados" al orden moderno.

Esa es una de las operaciones centrales de la modernidad colonial: producir violencia mientras se la describe como necesidad histórica, misión moral o defensa del orden.

Desde esta mirada, la violencia no aparece como abuso, sino como administración racional de una amenaza. El colonizado no es reconocido como sujeto político con reclamos legítimos: todo lo contrario, es presentado como un cuerpo peligroso que debe ser gobernado, corregido o neutralizado.

Del "salvaje" a la "amenaza interna"

Las empresas que desarrollan spyware y lo venden no dicen que ofrecen herramientas para perseguir periodistas, defensores de derechos humanos o movimientos sociales. Afirman que sus tecnologías sirven para combatir el terrorismo, el crimen organizado, la trata, el narcotráfico o amenazas graves contra la seguridad del Estado.

El problema no es que esos fines no sean relevantes. El problema es que funcionan como una puerta de entrada para tecnologías de vigilancia extremadamente intrusivas, opacas y difíciles de controlar. La invocación al "orden interno" o la "seguridad nacional" cumple las siguientes funciones políticas:

1. Expande el poder estatal: Permite presentar la vigilancia extrema como una necesidad excepcional, incluso cuando se dirige contra actores civiles.

2. Reduce la exigencia de transparencia: Las compras, contratos, proveedores, licencias y finalidades se ocultan bajo reservas, secretos comerciales o razones de inteligencia.

3. Debilita el control judicial: La vigilancia se vuelve técnicamente compleja, institucionalmente opaca y difícil de auditar.

4. Criminaliza la disidencia: Periodistas, activistas o defensores dejan de aparecer como actores democráticos y pasan a ser tratados como amenazas potenciales.

5. Reinterpreta los derechos humanos: La privacidad, la libertad de expresión, la defensa legal y la protesta son relativizadas frente a una idea expansiva de seguridad.

La lógica colonial del orden y el Sur Global como espacio de expansión

La colonialidad necesita producir sujetos peligrosos. Antes fueron "indios rebeldes", "salvajes", "idólatras", "cimarrones", "subversivos" o "enemigos de la civilización". Hoy pueden ser llamados "terroristas", "extremistas", "criminales", "agitadores", "desestabilizadores" o "amenazas al orden público". En esta operación, el spyware permite convertir la sospecha en ocupación total del dispositivo ya que se vigila una vida entera en búsqueda de indicios que confirmen la peligrosidad previamente asignada.

Esta lógica se vuelve más peligrosa en el Sur Global. En muchos países, las categorías de seguridad nacional, terrorismo, crimen organizado o alteración del orden público han sido usadas históricamente para perseguir protesta social, sindicalismo, defensa territorial, periodismo de investigación y oposición política. Por eso, cuando el spyware entra en estos contextos, se inserta en tradiciones previas de vigilancia política, racismo estatal, persecución de defensores, militarización de la seguridad y criminalización de comunidades (desapariciones forzadas, comandos de aniquilamiento, grupos paramilitares, tortura, genocidio).

El resultado es una forma de colonialismo tecnológico: herramientas desarrolladas, vendidas o facilitadas desde centros globales de poder terminan reforzando aparatos locales de control contra poblaciones históricamente vulnerabilizadas. El spyware se sostiene sobre una promesa: más vigilancia traerá más seguridad. Pero esa promesa oculta una pregunta más profunda: ¿seguridad para quién y contra quién?

La seguridad nacional es la "misión civilizadora" del colonialismo de datos

COLONIALIDAD HISTÓRICA COLONIALISMO DE DATOS SPYWARE
Clasificación racial Perfilamiento algorítmico Identificación de blancos
Vigilancia del colonizado Extracción de datos Infiltración de dispositivos
Violencia sobre el cuerpo Extracción de subjetividad Tortura/muerte preparada
Discurso civilizatorio "Progreso digital" "Seguridad nacional"
Mercado de esclavos Mercado de datos Mercado de vigilancia


Sección 6: Geopolítica colonial del spyware
Norte Global – Sur Global: asimetría entre producción, exportación e implementación.

El spyware reproduce una división colonial del mundo: los centros de poder desarrollan, financian, autorizan o exportan la tecnología; los países del Sur Global concentran buena parte de sus usos más abusivos y sus daños más graves. Los cuerpos y colectividades sufren los daños directos, pagando con su privacidad, intimidad y con su vida la mercantilización de los datos.

Centros de producción

La industria se concentra en ecosistemas con alta capacidad militar, tecnológica, financiera y regulatoria. Israel es el epicentro de la industria de spyware, junto con nodos europeos como Italia, Grecia y Bulgaria. Existe una expansión hacia India y la participación creciente de capital estadounidense.


El Sur como laboratorio

México, El Salvador, Tailandia, Azerbaiyán, Ruanda, Kazajistán y países de la región Asia Occidental y Norte de África aparecen de forma recurrente como espacios donde estas tecnologías se usan contra periodistas, activistas, opositores, defensoras y comunidades en riesgo.

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Doble estándar regulatorio

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La cadena colonial del spyware: extracción desde el Sur, control sobre el Sur

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Esta cadena reproduce exactamente la estructura de producción de la colonialidad:

Este es el mercado colonial de la vigilancia: se vende la capacidad de reprimir a las propias élites locales contra sus pueblos, perpetuando la colonialidad interna.


Sección 7: Cuerpos bajo asedio

El spyware no ataca solo dispositivos. Ataca cuerpos, vínculos y comunidades. Su objetivo más profundo no es obtener información, sino destruir confianza, anticipar resistencia y reducir la capacidad colectiva de actuar.


Sección 8: ¿Qué pedimos?

No basta con mejores leyes; necesitamos una reconfiguración total de nuestra relación con la tecnología.

1. Moratoria global

Suspender la venta, transferencia y uso de spyware comercial hasta que existan garantías vinculantes, verificables y con enfoque de derechos humanos.

2. Transparencia total

Publicación de compras estatales, licencias de exportación, proveedores, intermediarios, contratos, finalidades, entidades usuarias y evaluaciones de impacto.

3. Responsabilidad empresarial

Las empresas que desarrollan, venden, financian o facilitan spyware deben responder por los abusos cometidos con sus herramientas.

4. Reparación a víctimas

Las personas vigiladas deben tener derecho a ser notificadas, acceder a peritajes independientes, obtener reparación y exigir responsabilidades.

5. Soberanía digital desde el Sur

Fortalecer capacidades forenses, redes de protección digital, tecnologías comunitarias, infraestructura segura y marcos regulatorios propios, sin esperar que el Norte regule el daño que exporta.


Hacia el Sumaq Kawsay digital

Debemos promover tecnologías que fortalezcan el tejido social: cifrado fuerte, software libre, redes comunitarias, infraestructura segura, gobernanza participativa y seguridad digital situada.


Recursos

1. Marco conceptual: colonialismo digital, colonialismo de datos y soberanía digital

2. Derechos humanos, vigilancia y spyware: reportes globales

3. Mercado global de spyware y ciberarmas

4. Laboratorios de investigación y organizaciones de derechos humanos

5. Casos regionales y sociedad civil

1 Se mantiene con lo que unos llaman colonialidad. Usaremos, en castellano, colonialidad o colonialismo en inglés para referirnos a ello: relación de poder y dominación que sobreviven a las independencias formales o la disolución de imperios.