Como ya compartió mi compañera Rubiela Gaspar, el pasado febrero participamos del Artificial Intelligence Impact Summit en India. El evento fue gigantesco: miles de participantes, cientos de sesiones y distintos eventos paralelos hacían que seguir la agenda del Summit fuera una tarea muy compleja, incluso para dos personas.
En medio del caos, las previsiones diplomáticas que se tomaban en hoteles y sedes oficiales del evento —e incluso en las vías de tránsito— nos recordaban que, más allá de la curiosidad académica o profesional sobre algún tema o sesión, había mucho poder concentrado en las calles de Nueva Delhi. La gran pregunta que distintas colegas se hacían era qué estaba por decidirse o negociarse en este evento, considerando que muchos países viajaron con sus delegaciones gubernamentales, o que los principales CEOs y representantes de grandes plataformas y empresas tecnológicas estaban también presentes.
¿Qué hizo diferente a este AI Summit?
Gran parte de la expectativa sobre el Summit se sostuvo sobre un rasgo clave: por primera vez, el evento no estaría situado en el Norte Global. Esto significaba la posibilidad de traer una mirada del Sur Global a la discusión sobre gobernanza de la IA. En un mundo cada vez más polarizado, donde la carrera por la IA está liderada por Estados Unidos y China, la elección de India como sede constituía un gesto político difícil de ignorar —aunque su ejecución final no logró realmente satisfacer esta expectativa—.
India, además, es un país con un perfil muy interesante a nivel de diplomacia digital. Como integrante del BRICS y del G20, India ha impulsado la agenda de innovación, a la vez que ha buscado visibilizar sus propias iniciativas de transformación digital como referencia global. Así, no es sorpresa que el término “Infraestructura Pública Digital” (en inglés, DPI), que hace referencia a “bloques” para construir sistemas robustos de identidad digital, pagos y transferencia de datos para el interés público, haya pasado de ubicarse en la Declaración Final del G20 bajo el impulso de India (2023) a ser parte central del lenguaje de Naciones Unidas. Este nivel de influencia no solo es evidente en el plano multilateral sino también a nivel de cooperación entre países: sin ir muy lejos, el Banco Central de Reserva del Perú anunció un acuerdo para la implementación una plataforma de pagos similar a UPI, uno de los ejemplos más paradigmáticos de DPI de India.
La asistencia presencial del presidente Macron (Francia) es también un indicador importante de la relevancia que la IA está marcando en el panorama geopolítico y económico, como él mismo reconoció durante su intervención. El presidente Lula da Silva (Brasil), por su parte, viajó a Delhi con una comitiva impresionante, compuesta no solo por sus 14 ministros, sino también por 260 compañías de Brasil. En su discurso, Lula dejó en claro que la IA, lejos de ser un asunto matemático, integra complejas estructuras de poder, sostenidas por los datos de millones de personas en manos de unos pocos conglomerados, sin ninguna compensación por ellos.
El acuerdo formal: la Declaración Final del Summit
El AI Impact Summit no es ni pretende ser un foro multilateral. A diferencia de espacios como la OMC, la OMPI o la propia Asamblea de Naciones Unidas, el resultado que podíamos esperar del Summit es más bien modesto: una declaración no vinculante que agrupa ciertos consensos o ideas clave. Sin embargo, en un momento de crisis del multilateralismo, y considerando la urgencia de fortalecer los espacios de gobernanza con las múltiples partes interesadas, el mensaje del Summit pudo haber marcado un hito importante frente a las narrativas actuales alrededor de la IA.
La Declaración Final del Summit, firmada por 89 países (entre ellos, Perú), articula su visión a través de siete pilares o «chakras» fundamentales: desarrollo de capital humano, empoderamiento social, confianza, eficiencia energética, ciencia, democratización de recursos y crecimiento económico. La Declaración hace referencia a diversas plataformas de trabajo, todas ellas voluntarias y de resultados no vinculantes, como la Carta para la Difusión Democrática de la IA o el Trusted AI Commons.
A pesar de la narrativa inclusiva y las referencias a la filosofía del Sur Global (como el principio de Vasudhaiva Kutumbakam o “el mundo es una familia”), una lectura profunda revela tensiones significativas. Como remarcan desde Derechos Digitales, el documento —y la propia construcción del evento, en realidad— asume la IA como un destino inevitable, lo que cierra el espacio para cuestionar si ese despliegue masivo es, en primer lugar, deseable o necesario en todos los contextos.
A esto se suma la falta de compromisos más operativos para hacer realmente accionables los esfuerzos por democratizar el acceso o por respetar la soberanía nacional. ¿Cómo hacerle frente a la dependencia tecnológica mientras una sola empresa concentra el 90% del mercado global de chips? Además, el énfasis en la «eficiencia energética» parece ser una solución parcial que ignora los impactos socioambientales profundos —como el uso extractivo de agua y tierra— que los centros de datos imponen en los territorios, especialmente en el Sur Global.
Para terminar, llama la atención que la Declaración jamás menciona los derechos: ¿Cómo poder garantizar los temas de los siete chakras sin pensar en el respeto y garantía de los derechos de las personas y comunidades?
Los otros acuerdos: India y Brasil
Por supuesto, con la cantidad de recursos que movilizó Brasil para participar del Summit, no era posible que el único interés fuera suscribir una Declaración no vinculante. Uno de los grandes hitos de este encuentro fue la firma de un acuerdo entre Brasil e India sobre minerales críticos y tierras raras. Las tierras raras son elementos cruciales para la producción de dispositivos tecnológicos (entre otras posibles aplicaciones), lo que incluye la cadena de suministro de semiconductores e IA. Con este acuerdo, India busca reducir su dependencia tecnológica respecto a China en estos recursos, a la vez que fortalece su relación con Brasil, quien sería el encargado de proveerlo mientras India invierte en plantas de procesamiento en Brasil —duro golpe a las empresas dominantes en el mercado actual—. A esto se suman otros acuerdos, que permitirían ampliar el volumen de comercio bilateral a 30.000 millones de dólares entre ambos países.
Por su parte, la gigante Google también dio a conocer el lanzamiento de nuevas inversiones e iniciativas en el marco del Summit. Destaca el despliegue de nueva infraestructura para conectar América e India con un nuevo cable submarino en Visakhapatnam y nuevas rutas de fibra óptica. Por otro lado, a sus colaboraciones actuales con EE. UU. y Reino Unido, Google suma a India como aliado estratégico para desplegar nuevas herramientas, centros de innovación y modelos dirigidos a sectores productivos como agricultura y seguridad energética
Nuevos recursos
Más allá de las discusiones geopolíticas, el Summit nos deja recursos que dan cuenta de los avances de la IA en diversos ámbitos. Si te interesan las aplicaciones que esta tecnología está teniendo a nivel global, puedes revisar los Casebooks. En ellos encontrarás desde proyectos de género como AtenIA, que combina mentoría física e IA para reducir las brechas en carreras STEM en Perú, hasta innovaciones en salud como el uso de IA para el tamizaje de cáncer de cuello uterino en entornos de atención primaria en Ruanda.
También puedes revisar los documentos de los Grupos de Trabajo (WG), que muestran ejemplos de marcos operativos como la plataforma MAITRI, diseñada para ser un Bien Público Digital para compartir recursos de cómputo entre países, o los principios rectores para el reentrenamiento y la capacitación de los trabajadores en la era de la IA.
¿Y ahora qué?
El Summit confirma una sensación difícil de ignorar: en la gobernanza global de la inteligencia artificial todo parece estar ocurriendo al mismo tiempo. Mientras se multiplican los foros, declaraciones y alianzas —desde la reciente conformación del panel científico de IA de Naciones Unidas, creado en el marco del Global Digital Compact, hasta el próximo AI for Good Global Summit organizado por la Unión Internacional de las Telecomunicaciones—, la agenda sobre IA no muestra señales de desaceleración. Sin embargo, la velocidad de estos procesos no necesariamente viene acompañada de debates igualmente profundos sobre sus riesgos, límites o impactos estructurales.
Todos queremos una inteligencia artificial orientada al bien común (y, en consecuencia, respetuosa de los derechos), pero esa aspiración difícilmente se materializará si la conversación global se limita a promover innovación y adopción sin cuestionar las asimetrías de poder que ya estructuran el ecosistema digital. Mirar críticamente estos desarrollos —especialmente desde el Sur Global— es imperativo para evitar que, bajo la promesa de progreso tecnológico, se profundicen las desigualdades que hoy se busca, aparentemente, resolver.

Directora de Investigación
