¿Por qué deberíamos o no dar nuestro número de DNI al comprar?

Un reciente comunicado de la Asociación Peruana de Consumidores y Usuarios de Perú (ASPEC) invitaba a los peruanos a no proporcionar su número de Documento Nacional de Identidad (DNI) al comprar en establecimientos comerciales. La nota señala que dicha exigencia es ilegal, salvo cuando se busca deducir el gasto para fines tributarios o en transacciones mayores a 700 soles. A propósito de esto, nos parece que vale la pena pensar qué pasa cuando elegimos entregar nuestro número de documento.

La razón más frecuente por la cual alguien entrega su número de DNI a un comercio es para participar en programas de lealtad o de puntos. Para ello también podríamos usar una tarjeta con sellos, un código especial o cualquier otra credencial física o virtual, pero es probable que a veces la dejemos en casa u olvidemos el número y perdamos sus beneficios. En realidad, resulta más fácil usar un número que de todas maneras ya hemos memorizado y que se encuentra en un documento que es casi obligatorio portar cada vez que salimos. Pero entonces, cuando entregamos el número de DNI ¿a qué renunciamos en favor de esta conveniencia?

Obtener el número de DNI significa una gran oportunidad para los comercios. El dato de que una persona compró una barra de jabón un jueves en la mañana puede ser trivial. Pero si sabemos que esa misma persona compró pañales el sábado, leche en polvo el lunes anterior y hasta hace un par de meses gastaba menos de la mitad de lo que ahora gasta, hay algunos patrones que podemos empezar a observar. Quizás esa persona obtuvo un aumento o un nuevo empleo, quizás acaba de tener un bebé, quizás se acaba de mudar cerca de la tienda. Si este comercio tiene otras sucursales en otros lugares de la ciudad, en algún momento se podrá determinar en qué zona trabaja y dónde vive e incluso aproximar la hora en que sale del trabajo.

Al usar el DNI como identificador, el comercio puede combinar nuestro historial de compras con información pública sobre nosotros que el Estado vende a cualquiera a través de RENIEC como nombres completos, sexo, dirección, fecha de nacimiento, hasta nuestro aspecto según la foto. Incluso, el comercio podría tener negocios vinculados (piénsese: una farmacia y un banco con el mismo dueño) o simplemente vender a terceros este conjunto de datos a quien pueda pagar por ellos. La letra pequeña de muchos programas de lealtad deja abiertas todas estas posibilidades. Nosotros lo notamos cuando recibimos ofertas personalizadas o cuando nos llama de la nada una aseguradora o un banco ofreciéndonos servicios que parecen adaptados a nuestras necesidades del momento.

Incluso cuando no están diseñados para explotar la información que nosotros los consumidores generamos, existe un sendero de datos que vamos dejando registrados en distintas manos. Quizás en el pasado esto casi no significaba nada. Sin embargo, hoy estos registros se almacenan en bases de datos en computadoras y servidores de donde pueden ser extraídos con o sin conocimiento del comercio ahora o en el futuro. Recordemos: a diferencia de un correo electrónico o un número telefónico, nadie puede cambiar de número de DNI, por lo que el período de vida de la información asociada a él es virtualmente eterno.

La ley peruana exige a todo el que trata datos personales a ser explícito respecto de los fines para los cuales los recolecta. No obstante, a veces la lista de finalidades es tan larga o está descrita de forma tan oscura que nadie lo entiende. Incluso, aunque podemos solicitar gratuitamente a los comercios información sobre qué datos personales nuestros administra y cómo los usa y comparte, este podría entregarnos una lista compuesta de tanta información dispersa que tardaríamos mucho tiempo encontrando la utilidad de cada dato. No obstante, hay comercios que hacen un mejor trabajo que otros en ser transparentes sobre este aspecto y hasta se esfuerzan en minimizar la estela de datos que vamos dejando mientras consumimos. Lamentablemente, en nuestro país todavía son la minoría.

No hay nada de malo en participar en programas de lealtad y pueden ser una oportunidad para que todos ganemos. No obstante, es importante que como consumidores entendamos bien para qué sirven y qué riesgos asumimos cuando los compartimos de forma irreflexiva. También es una oportunidad para que los comercios se distingan en transparencia y gestión ética de la información de sus usuarios.

Este año en Hiperderecho vamos a estudiar más de cerca estos programas y si quieres participar como voluntario para ayudarnos a recoger evidencia, ponte en contacto con nosotros.

Foto: Rawpixel para Unsplash

Un comentario

  1. Julia dice:

    ..es decepcionante cada vez este país soy peruana ,pero está gente se vuelve necia al momento de exijir dni entodo los comercios que si no te atienden….a este paso apesta todoo

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