¿Seremos salvados por el Bluetooth?

En el artículo anterior de esta serie vimos las desventajas tanto de precisión como de consumo de energía del GPS y la triangulación. Además del evidente impacto en la privacidad y seguridad de las personas sometidas al monitoreo constante del gobierno. Frente a estas desventajas, se ha discutido una idea aparentemente innovadora que podría resolver todos los problemas anteriores: usar Bluetooth.

A diferencia del GPS, las aplicaciones basadas en Bluetooth tienen las siguientes ventajas:

  • Son más precisas en el trabajo de identificar un dispositivo cercano
  • Pueden funcionar en entornos cerrados donde la señal móvil es un problema como edificios o estacionamientos subterráneos
  • No necesitan estar conectado a una red o a Internet todo el tiempo para funcionar
  • No recogen la información de la localización geográfica ni el recorrido de sus usuarios
  • No consumen mucha energía del equipo

¿Pero cómo funciona una app de rastreo de contactos basada en Bluetooth? La propuesta de la mayoría de apps y plataformas que la han implementado o piensan hacerlo es la siguiente. Cada teléfono tiene asignado un identificador único que se emite mediante la señal Bluetooth, de tal manera que otro teléfono pueda «escuchar su identificador» cuando lo tenga cerca. Algo así como si cada teléfono gritara un pseudónimo de su dueño mientras este va por la calle. De esta manera, cada vez que un dispositivo detecte una señal cercana (o sea, escuchen los “gritos” de otro teléfono), almacenarán dicho identificador localmente, formando poco a poco un historial de todos los teléfonos, y por lo tanto personas, que han estado cerca del usuario.

Aquí es donde se inicia otro punto de discusión. Por un lado tenemos el modelo centralizado, como se decidió en países como Inglaterra o Alemania, donde se almacena centralmente la información de a quién corresponde cada identificador. Por otro lado, existe un modelo descentralizado, que se ha implementado en países como República Checa con e-Rouska, donde cada teléfono mantiene la lista de los identificadores que en algún momento le fue asignado.

En este último diseño, por ejemplo, se analiza la información de manera descentralizada. Cuando un usuario de la aplicación es diagnosticado positivo, las autoridades de salud pueden acceder a la lista de identificadores que su teléfono ha generado durante todo el tiempo que ha tenido instalada la aplicación. Aunque son únicos, estos identificadores van cambiando de forma frecuente, por lo que podría haber más de uno para cada usuario o teléfono. Luego, esta lista se envía a los demás usuarios de la app, para que busquen si en algún momento se han cruzado con el usuario diagnosticado positivo. Este procedimiento sería automático y, cuando existan coincidencias, los usuarios que estuvieron cerca del contagiado reciben una alerta para que tomen medidas de prevención y diagnóstico.

Este enfoque descentralizado también ha sido adoptado por Google y Apple en un trabajo conjunto para poner a disposición APIs que simplifiquen el desarrollo de apps con este tipo de tecnologías. A pesar que esta API estará disponible para todos los desarrolladores únicamente instituciones de salud del gobierno estarán autorizados de publicarla en las tiendas oficiales de App Store y Play Store.

Desde el punto de vista de privacidad, el método descentralizado parece mejor ya que estos identificadores únicos no son almacenados en el servidor de alguna institución del gobierno. Lo que no solo reduce la posibilidad de que sean explotados para otros fines, sino también evita que nuestra seguridad dependa de la seguridad informática de ese servidor. Además, el acceso a la lista de contactos cercanos con los otros usuarios se realiza solo en el caso de los contagiados y previo consentimiento.

¿Seremos salvados por el Bluetooth?

A pesar de que este procedimiento se presenta como novedoso, existe registro de una aplicación similar lanzada en 2011 por investigadores de la Universidad de Cambridge. En esa oportunidad, sus creadores intentaron hacer un seguimiento de la manera en la que la gripe se propaga dentro de su población. ¿Funcionó? No, principalmente por la poca adopción de que obtuvo la aplicación entre la población a la que iba dirigida (1%).

Por más buenas ideas que se hayan presentado y tecnologías que las soporten, el principal problema con cualquier app es su adopción de parte de los usuarios. Aún siendo optimistas, si la tecnología en sí misma es todo lo que promete ser, todavía está el reto de que todo el público objetivo descargue la aplicación. El problema es que el público objetivo es todo el país. No obstante, si esta app fuera diseñada únicamente para los médicos o enfermeros, podría tener un alcance inmediato y mayor.

Otro problema evidente es que que no todos los ciudadanos tienen un smartphone con la última versión de sus sistemas operativos (Android o iOS) o un teléfono sencillo siquiera. Pero aun si lo tuvieran, ¿cómo garantizar que van a descargar la app y la van a mantener activa mientras de desplazan? Aun si la hicieran de uso obligatorio, ¿cómo harían ese control? Singapur, el país que es considerado como ejemplo del uso de estas tecnologías y que tiene un gran porcentaje de su población educada digitalmente, tan solo tiene un índice de adopción menor al 30% con su app TraceTogether.

La aplicación Perú en tus Manos, por ejemplo, tiene más un millón de descargas en Play Store de Android. Aunque es un buen número para una aplicación peruana, todavía representa un porcentaje muy pequeño de la población peruana, que actualmente debe ascender a más 30 millones. A pesar de las observaciones técnicas que hicimos desde Hiperderecho, todavía no es claro el rumbo de esta aplicación que no se ha actualizado desde el 13 de abril y que a pesar de pedir permisos de Bluetooth desde su lanzamiento el 03 de abril, no ha implementado la tecnología de Contact Tracing descrita anteriormente.

Una aplicación es una herramienta de intercambio de información muy potente. Por lo mismo, es necesario que se diseñe desde principio generales sólidos como reducir la acumulación de información y respetar la privacidad de los usuarios. No obstante, su creación misma y despliegue no cambiará los hábitos de las personas, ni tampoco puede ser una solución del deficiente sistema de salud, de la brecha digital y de otros problemas que venimos arrastrando como sociedad y que se han hecho más evidentes durante esta Emergencia Nacional.

Este artículo es parte de nuestra serie especial sobre la emergencia del Covid-19 y nuestros derechos digitales. Síguenos en Facebook, Twitter e Instagram para a recibir nuestro análisis más reciente.

Foto: Ministerio de Agricultura (CC BY-NC)

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