Luchar contra la desinformación: los retos de la alfabetización informacional

La circulación creciente de la desinformación e información maliciosa es una preocupación cada vez más vigente en la era de la transformación digital. Muchas de las grandes potencialidades de Internet —como la velocidad en la que viaja la información o la capacidad de comunicarnos con distintas personas a la vez en todas partes del mundo— también pueden convertirse en riesgos. 

Existen muchas formas en las que la tecnología y la legislación pueden utilizarse para socavar la democracia. El aumento de la desinformación, la manipulación y la vigilancia se han visto agudizados con la expansión de las TIC. Aunque siempre han existido, su despliegue tiene un impacto a mayor escala hoy en día. La pandemia, por ejemplo, fue una clara demostración de la gravedad de no contar con información clara y precisa —o de medios efectivos para comunicarla—: mientras la incertidumbre crecía, también lo hacían las noticias falsas que ponían en riesgo la salud pública.

Frente a ello, se deben desplegar estrategias que permitan mitigar los efectos de la circulación masiva de desinformación en Internet. Como señala UNESCO, hace falta una combinación de información crítica, medios de comunicación y competencias digitales, es decir, alfabetización mediática e informacional. Los nuevos tiempos requieren nuevas competencias que vayan, incluso, más allá de las habilidades de uso de las TIC. Es necesario que se fortalezcan las capacidades ciudadanas de filtrar información, contrastar fuentes y pensar críticamente sobre el contenido en Internet y la forma en la que llega a nosotros.

Por supuesto, esto supone serios retos. Sobre todo en los países del Sur Global, aún tenemos la deuda pendiente de cerrar la brecha de alfabetización tradicional (leer, escribir y contar). En sí misma, la brecha digital nos resulta abrumadora en todos sus niveles: el acceso a conectividad, la habilidad de utilizar herramientas tecnológicas de manera segura, las prácticas de efectivamente crear contenido e, incluso, la capacidad de convertir todo ello en un beneficio para nuestras vidas sigue siendo un desafío grande para nuestras democracias. 

Mientras todo eso ocurre, debemos pensar cómo proteger la libertad de expresión y de información, la privacidad y la vida libre de violencia en entornos digitales. Para atender todas las agendas, es imprescindible que los distintos actores involucrados, incluyendo gobiernos, sociedad civil, empresas y escuelas, participen de la conversación y planteen estrategias innovadoras sobre cómo hacerle frente a esta problemática.

DCN para las Américas: Alfabetización Informacional en la Era de la Disrupción

La ciudad de San José en Costa Rica fue la sede para reunir a periodistas, activistas, miembros de la sociedad civil, educadores, verificadores de información e investigadores alrededor de los retos frente a la desinformación. Bajo el evento “Alfabetización Informacional en la Era de la Disrupción” organizado por DCN Global y World Learning, los días 17 y 18 de octubre fueron ocasión para discutir no solo los desafíos de la viralización de la desinformación, sino también para compartir iniciativas y estrategias que se vienen implementando para hacerle frente. Los participantes fuimos invitados a pensar cómo, desde nuestras posiciones particulares, podemos desarrollar ideas colaborativas que eduquen en cómo detectar y evitar la desinformación.

Desde Hiperderecho, estuvimos presentes para aportar desde nuestras diferentes áreas de trabajo Elizabeth Mendoza y yo, del equipo legal, Lorena Marks, Encargada de Comunicaciones e Imagen, y Fiorella Ferrari, Oficial de Activismo. Desde nuestra experiencia, planteamos cuáles son las amenazas actuales a la libertad de expresión que deben atenderse con urgencia: por ejemplo, las vulnerabilidades de ciberseguridad, la desinformación basada en género o el constante intento legislativo por criminalizar la difamación en redes sociales con mayor severidad.

Estas ideas fueron expuestas en el Taller de Network de DCN Global que buscaba, precisamente, priorizar un plan de trabajo y de redes. Este evento fue la inauguración y lanzamiento de DCN para las Américas, lo que significa que, como región, estamos llamados a identificar los principales obstáculos a la libertad de expresión en nuestros contextos, que, sin duda, no son los mismos que en otras partes del globo.

 

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