Cada vez más servicios en el Perú piden datos biométricos para verificar nuestra identidad. Requieren nuestras huellas dactilares en las notarías, en los bancos, en las tiendas que venden celulares. Para solicitar el nuevo pasaporte o el DNI electrónico también piden el registro de las diez huellas de las manos y nuestra foto. La verificación biométrica está de moda. Los peruanos están contribuyendo a una base de datos sensibles (biométricos) que no se sabe bien quién la maneja, cómo o para qué.
En este contexto, el Ministerio de Transportes y Comunicaciones ha publicado el Decreto Supremo 004-2017 que adelanta intempestivamente la obligación que tenían las empresas proveedoras de líneas móviles de instalar lectores biométricos en cada uno de sus puntos de ventas. Con esta modificación, a partir del 1 de abril de 2017 sólo se podrá comprar una línea móvil si es que proporcionamos nuestra huella digital. Comprarla por Internet, difícil. Comprarla anónimamente, imposible.
La revolución del comercio electrónico está ocupando un lugar protagonista. Los bitcoins y las fintech vienen ganando terreno en nuestro país. También lo hacen los mecanismos de verificación de identidad y controles financieros. Identidad biométrica es lo que dicen que se necesita: “No hay otra forma de saber quién realiza una transacción en línea, si no es a través de la identidad biométrica”. Frase hecha que no ayuda mucho por ahora.
En nuestro actual ambiente regulatorio, donde los conectados no llegan a un 50% de la población, donde se prohíbe jugar a un juego móvil en una zona particular, donde se cuestionan nuevas formas de hacer cosas viejas, la innovación y la disrupción del mercado están jugando un papel clave. El Estado tiene que dejar hacer y no deshacer. Mientras siga poniendo más trabas y más condiciones para la libre competencia, más sufrirá la ciudadanía, los usuarios y los emprendedores.

Ex Director de Proyectos (2016-2018)
Abogado por la Universidad Blas Pascal de Córdoba (Argentina) y la Pontificia Universidad Católica del Perú. Candidato a Máster en Derecho y Tecnología por la Universidad de Tilburg (Holanda).



