No es novedad que la inteligencia artificial (IA) está transformando muchos aspectos de nuestra vida cotidiana. Desde qué videos nos aparecen en redes sociales hasta los sistemas de vigilancia en espacios públicos que captan nuestros rostros, cada vez más decisiones que afectan a las personas se toman con el apoyo de algoritmos. Pero, ¿qué ocurre cuando esta tecnología llega al sistema judicial?
