Descentralizar la gobernanza de internet: diálogos feministas desde Arequipa

El 15 y 16 de octubre se realizó el décimo Foro de Gobernanza de Internet en el Perú, y por primera vez se hizo de manera descentralizada, en la ciudad de Arequipa. La Universidad La Salle de Arequipa nos recibió como espacio anfitrión y permitió la transmisión simultánea de ambas jornadas. Fueron dos días intensos de información y reflexión, y también un diagnóstico colectivo de cómo se posicionan las múltiples partes interesadas (sector público, sector privado, comunidad técnica, academia y sociedad civil) frente a la gobernanza de internet en nuestro país. Puedes conocer más sobre el foro en la nota aquí.

Las mesas de diálogo desarrollaron diversos temas relacionados a la gobernanza de internet, teniendo como principales aquellos relacionados con el género, infancias y adolescencias. Además de las sesiones centrales, se realizaron actividades paralelas, previas y posteriores. Una de ellas fue un encuentro con mujeres y disidencias de la ciudad blanca.

Un espacio de diálogo horizontal

En alianza con la colectiva Movimiento Lesbia, con quien ya hemos trabajado proyectos como RESISTE (talleres de identificación y seguridad digital frente a la violencia de género en línea para colectivos y activistas), convocamos a una noche de diálogo distendido y horizontal. La invitación estuvo dirigida a mujeres y disidencias arequipeñas con disponibilidad y con interés en una pregunta central: ¿Cómo interseccionamos la violencia de género mediada por internet en un espacio institucional como un foro de gobernanza?

También quisimos conocer cómo atraviesan y resisten estas vulneraciones desde sus propias experiencias. Participaron activistas, investigadoras, mujeres, transmasculinidades y personas disidentes, muchas de las cuales han vivido violencia de género facilitada por las tecnologías.

Contexto electoral y violencia institucional

Una de las reflexiones centrales fue que la violencia no es lineal ni ocurre en compartimentos separados. La tecnología, con frecuencia, exacerba o facilita las formas históricas de violencia basada en género que atraviesan a las mujeres en toda su diversidad y a las personas LGBTIQ+. Lo digital no es un fenómeno aparte, sino una prolongación de desigualdades estructurales.

Las participantes compartieron cómo el reciente ciclo electoral (congresal, presidencial, regional y municipal) generó en Arequipa discursos y narrativas lgbtqfóbicas. Estos fueron promovidos muchas veces por candidatos y representantes de partidos locales, pero también reproducidos por otros funcionarios públicos, como agentes del orden. Esa violencia recayó sobre todo en mujeres trans que ejercían su derecho al voto.

Algunas compañeras, con acompañamiento, lograron reportar estos incidentes a la campaña Voto Trans y a sus veedores, en articulación con Transparencia y Rosa Rabiosa, para que quede un precedente de estos hechos. Como señalamos antes, la violencia no es lineal: después se trasladó nuevamente a los espacios digitales.

¿Por qué descentralizar?

También identificamos que los perfiles y cuentas de colectivos y colectivas del sur sufren intentos de suplantación de identidad o apropiación en diversas plataformas. Conversamos además sobre la violencia digital ejercida no solo por actores conservadores, personas desconocidas o adversarios políticos, sino también por personas cercanas: familiares y, sobre todo, parejas y exparejas. Las estrategias de resistencia que compartieron frente a estos escenarios las desarrollaremos en una próxima publicación.

Reconocimos, como mujeres y disidencias, la importancia de descentralizar los eventos institucionales y de apoyarlos en el trabajo territorial que realizan Movimiento Lesbia, otros colectivos de mujeres y disidencias de Arequipa y, sobre todo, las juventudes organizadas, universitarias o no.

Estos días confirman una mirada frecuente sobre Arequipa (cómo en la mayoría de ciudades del país): una ciudad conservadora, con tradiciones regidas por lo heteropatriarcal y binario y atravesada por la religión, principalmente católica. Sin embargo, sabemos que aquí existimos y resistimos mujeres, disidencias y maricas. Habitar el espacio es ya parte de la revolución digital que queremos impulsar para seguir defendiendo nuestros derechos y conquistando los básicos, como una vida libre de violencia, en internet y fuera de él.

Conclusiones y próximos pasos

De este primer encuentro paralelo, realizado el primer día del foro, nos llevamos emociones, sensaciones y, sobre todo, preguntas que iremos resolviendo colectivamente en otros espacios, virtuales y, esperamos, también presenciales, no solo en Arequipa sino con otras regiones del sur del país. Revalidamos que la salida siempre será colectiva, como la resistencia digital y física, y que el sur peruano es poderoso y combativo gracias a las mujeres y disidencias que lo componen.

Si eres del sur del país y quieres sumarte a los diálogos virtuales para construir una futura agenda contra la violencia de género en línea, mantente atenta a las redes de Hiperderecho y de los colectivos de tu región. Esperamos articular estos espacios para que sean las propias colectivas del sur peruano quienes los lideren.

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