Parte 1: ¿Puerta abierta para el espionaje masivo de la ciudadanía?
El Gobierno de los Estados Unidos anunció que el próximo 8 de septiembre organizará en Lima una cumbre sobre inteligencia artificial. El anuncio ocurre mientras el nuevo gobierno peruano profundiza su alineamiento político y de seguridad con Washington. En Ecuador, una cooperación semejante terminó con Palantir procesando información de distintas instituciones públicas mediante un contrato reservado. En Chile y Argentina, Peter Thiel ya se reunió con sus presidentes. La pregunta ya no es si debemos prestar atención, sino qué se pretende instalar en el Perú, con qué datos y bajo el control de quién.
El anuncio, que pasó casi inadvertido, no deja en claro todavía cuál sería su agenda, las empresas participantes, las entidades peruanas convocadas ni los acuerdos, proyectos piloto o contratos que podrían surgir de ella. Y esto no se trata de una actividad tecnológica aislada. El nuevo canciller, Carlos Espá, ha anunciado que el Perú profundizará su relación con Estados Unidos, al que describe como un “socio estratégico”. También ha confirmado que el gobierno busca incorporar al país al denominado Escudo de las Américas, una iniciativa estadounidense presentada como mecanismo de cooperación contra el crimen transnacional.
Lo que nos debe llamar la atención y mantenernos alertas es que la agenda diplomática, tecnológica y de seguridad avance con mayor rapidez que los controles democráticos destinados a contenerla. ¿Quiénes participarán en esa cumbre? ¿Qué empresas presentarán sus sistemas? ¿Qué organismos públicos están buscando soluciones de inteligencia artificial? ¿Se discutirán herramientas para aduanas, migraciones, policía, Fuerzas Armadas, inteligencia, identificación biométrica o análisis tributario? ¿Habrá ofertas de cooperación, donaciones, asesorías o proyectos piloto que luego se conviertan en infraestructura permanente?
Una cumbre de inteligencia artificial organizada por una potencia extranjera, dentro de una agenda centrada en seguridad, defensa y narcotráfico, no puede ser tratada como una conferencia tecnológica cualquiera. En América Latina ya conocemos el tipo de empresas y sistemas que circulan bajo esas palabras. El nombre que debe estar inmediatamente bajo la lupa es Palantir.
1. Una empresa tecnológica de dudosas credenciales democráticas ronda el vecindario
Palantir Technologies vende plataformas capaces de integrar enormes cantidades de datos procedentes de fuentes distintas y convertirlos en mapas, perfiles, conexiones, alertas y decisiones operativas. Su plataforma Foundry permite conectar datos, análisis y operaciones dentro de un entorno común. Gotham, desarrollada principalmente para inteligencia, defensa y seguridad, está diseñada para acelerar decisiones en escenarios operativos complejos. La propia empresa afirma que construye software para integrar datos, decisiones y operaciones en tiempo real mediante inteligencia artificial.
Traducido al lenguaje del poder público, Palantir puede reunir información tributaria, migratoria, policial, financiera, sanitaria, comercial, telefónica o territorial, identificar relaciones entre personas y acontecimientos, asignar riesgos y convertir esos resultados en acciones concretas. No es un chatbot que redacta informes o un LLM que integra cierta información aislada: es un infraestructura para saber más, decidir más rápido y actuar sobre personas.
La relación de Palantir con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, ICE, es uno de los principales motivos de cuestionamiento. La Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU) ha documentado el uso de herramientas de Palantir dentro de la infraestructura utilizada para identificar y priorizar personas en operativos migratorios. Entre ellas se encuentra ELITE, una aplicación que permite generar expedientes, ubicar domicilios probables y representar geográficamente posibles objetivos de detención. La organización sostiene que los sistemas de Palantir forman parte central de la maquinaria de deportaciones masivas de ICE y que trabajadores de la empresa se encuentran profundamente integrados en las agencias a las que prestan servicios.
Palantir también mantiene una asociación estratégica con el Ministerio de Defensa de Israel. En sus propios documentos corporativos, la empresa reconoció que suministra tecnología para apoyar el esfuerzo bélico israelí. En comunicaciones posteriores, Palantir negó participar en determinados programas de selección automatizada de objetivos, pero reafirmó que se encuentra orgullosa de apoyar misiones israelíes de defensa y seguridad nacional.
Palantir ya está aquí al lado
En mayo de 2025, el gobierno de Daniel Noboa contrató Palantir para el Servicio Nacional de Aduana del Ecuador, SENAE. La plataforma fue presentada como una solución para enfrentar el contrabando, la defraudación tributaria y otras amenazas al comercio exterior. El primer contrato, celebrado mediante la Corporación Nacional de Telecomunicaciones, tuvo un valor de USD 6,6 millones. El contrato directo entre CNT y Palantir fue posteriormente declarado confidencial y reservado.
A los cien días, el SENAE informó que Palantir ya perfilaba más del 90 % de las declaraciones aduaneras, había integrado información de la autoridad tributaria y comenzaría a incorporar imágenes y otras fuentes de datos. En 2026, Ecuador inició un procedimiento para renovar la plataforma por tres años, por aproximadamente USD 17,2 millones más impuestos.
La experiencia ecuatoriana importa porque muestra la velocidad con la que una herramienta presentada para una finalidad concreta de seguridad y control puede comenzar a integrar información procedente de distintas instituciones públicas. Y eso es precisamente lo que debemos evitar discutir cuando el sistema ya esté instalado.
Thiel se acerca a Kast y Milei
El avance regional no termina en Ecuador. El gobierno chileno confirmó que el presidente José Antonio Kast recibió a Peter Thiel en el Palacio de La Moneda. La reunión no fue registrada públicamente bajo la Ley de Lobby y el Ejecutivo se negó a revelar su contenido. El encuentro provocó cuestionamientos precisamente por la importancia de Palantir en vigilancia, inteligencia artificial y procesamiento masivo de información.
En Argentina, Thiel se reunió en abril de 2026 con Javier Milei en la Casa Rosada. Su agenda también incluyó encuentros con Santiago Caputo y Federico Sturzenegger, dos figuras centrales del gobierno argentino. Thiel y Milei ya habían mantenido reuniones anteriores y comparten una afinidad política alrededor de la desregulación, el debilitamiento de estructuras estatales y el poder empresarial tecnológico.
Ecuador contrató Palantir. Thiel entró a La Moneda y a la Casa Rosada. Estados Unidos organiza ahora una cumbre de inteligencia artificial en Lima, dentro de un gobierno peruano abiertamente alineado con Washington. ¿Thiel entrará a la “Casa de Pizarro”?
2. La narrativa de seguridad como puerta de entrada al espionaje masivo
Las tecnologías más peligrosas rara vez se presentan diciendo que servirán para vigilar a la población. Llegan para luchar contra el narcotráfico y el crimen organizado; para vigilar las fronteras; impedir el contrabando, etcétera. La finalidad puede ser legítima. El problema aparece cuando esa finalidad se utiliza para introducir sistemas capaces de cruzar millones de registros, producir perfiles de riesgo y vigilar a personas que nunca fueron investigadas por un delito.
La palabra “seguridad” puede convertir cualquier exigencia de transparencia en un supuesto obstáculo operacional. Así, los anexos técnicos se reservan, las bases de datos conectadas no se revelan, los algoritmos se protegen como secretos empresariales, las evaluaciones de impacto desaparecen detrás de la confidencialidad y la ciudadanía se entera de la existencia del sistema cuando ya está funcionando. El precedente ecuatoriano enseña exactamente eso. Una plataforma presentada para el control aduanero terminó conectada estructuralmente con los procesos institucionales, mientras el contrato con el proveedor permanecía reservado.
En el Perú debemos exigir respuestas antes de que ocurra lo mismo. ¿Qué bases de datos podrían incorporarse a una solución ofrecida durante la cumbre? ¿Información de la Policía Nacional? ¿Migraciones? ¿RENIEC? ¿SUNAT? ¿Aduanas? ¿Registros de telecomunicaciones? ¿Programas sociales? ¿Datos biométricos? ¿Información de salud? ¿Movimientos financieros? ¿Quién decidirá que una persona representa un riesgo? ¿Podrá un periodista, defensor ambiental, dirigente indígena, sindicalista u opositor político terminar vinculado algorítmicamente con una investigación por aparecer en los contactos, desplazamientos o redes de otra persona?
El espionaje masivo contemporáneo no necesita intervenir individualmente cada teléfono, le basta con integrar datos que el Estado ya posee y permitir que una plataforma reconstruya relaciones, patrones y comportamientos. Y, en ello, Palantir es apenas el ejemplo que ya conocemos. La cumbre puede abrir la puerta a otras empresas, plataformas y sistemas de inteligencia artificial con capacidades semejantes de integración de bases de datos, perfilamiento, identificación de relaciones y producción automatizada de alertas. O, peor aún, empresas que desarrollan spyware (con toda la potencialidad de afectación a los derechos fundamentales que ello implica). Por eso importa conocer antes, y no después, quiénes participarán, qué sistemas ofrecerán y para qué instituciones públicas.
3. El fujimorismo y la historia del espionaje estatal
Durante el régimen de Alberto Fujimori, el Servicio de Inteligencia Nacional fue convertido en una estructura de control político bajo la conducción de Vladimiro Montesinos: una investigación del Congreso concluyó que el Sistema de Inteligencia Nacional diseñó y operó una red de interceptaciones telefónicas montada y dirigida por Montesinos.
Esa estructura obtuvo información sobre políticos, periodistas, empresarios, militares y otras personas consideradas relevantes para la conservación del poder. Así, el espionaje fue parte de un sistema más amplio de manipulación institucional, compra de medios, corrupción y persecución de adversarios. Si en los años noventa el SIN necesitaba equipos de interceptación, operadores, cintas, transcripciones y archivos físicos, un sistema contemporáneo de análisis masivo puede procesar millones de registros en segundos, reconstruir redes completas y detectar relaciones que ningún equipo humano podría identificar por sí solo.
Palantir representa la industrialización del tipo de poder informacional que Montesinos intentó construir artesanalmente. Un aparato de inteligencia asociado al fujimorismo tuvo acceso a una cantidad limitada de comunicaciones y produjo uno de los mayores sistemas de espionaje político de nuestra historia. Entregar a un nuevo gobierno fujimorista capacidades de correlación masiva, inteligencia artificial y perfilamiento exige controles mucho más estrictos que los existentes en la década de 1990. El riesgo latente es que el nuevo gobierno vuelva a transformar el sistema de inteligencia peruano en una plataforma, automatizada, escalable y conectada con todas las bases de datos del Estado para facilitar sus objetivos políticos.
La cumbre de IA debe quedar bajo escrutinio constante
La Cumbre de Inteligencia Artificial del 8 de septiembre debe quedar bajo la lupa desde ahora. El gobierno debe publicar su agenda completa, la lista de empresas participantes, las entidades públicas convocadas, los patrocinadores, las reuniones bilaterales y cualquier propuesta de cooperación, donación, prueba piloto o contratación que se discuta. Asimismo, debe permitir la participación de múltiples partes interesadas en dicha cumbre: sociedad civil, academia, organismos internacionales, etcétera.
Cada solución destinada a seguridad, defensa, migraciones, aduanas o inteligencia debe estar acompañada de una evaluación pública de impacto en derechos fundamentales y protección de datos. Deben identificarse todas las bases que serán integradas, los criterios utilizados para producir perfiles, la ubicación de la infraestructura, los accesos extranjeros y los mecanismos de auditoría. Los contratos y anexos técnicos no pueden ocultarse íntegramente bajo invocaciones generales de seguridad nacional y la reserva debe ser excepcional, específica, temporal y sujeta a control independiente.
La lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado no puede convertirse en una habilitación general para espiar a millones de personas. La seguridad tampoco puede ser la excusa para transferir datos de ciudadanos peruanos a empresas o autoridades extranjeras sin habilitación legal, control judicial y rendición de cuentas.
Palantir ronda el vecindario y la pregunta democrática es quién vigilará a quienes tengan el poder de vigilarnos. ¿Quién vigila a los vigilantes? Y la pregunta histórica es si permitiremos que el espionaje político que marcó al fujimorismo regrese bajo una forma mucho más poderosa: automatizado, masivo y administrado por empresas extranjeras.

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