Llevamos, como mínimo, cinco años escuchando propuestas de transformación del Poder Judicial en el Perú mediante inteligencia artificial (IA). Han pasado también tres años desde la primera sentencia que empleó ChatGPT; algo declarado con mucho orgullo por el juez del caso, a pesar de que en realidad usó el chatbot como calculadora —la diferencia está en que la calculadora no necesita datos personales para hacer una operación—.
